En una jornada electoral decisiva, Juan Domingo Perón se impuso en las urnas y accedió a la Presidencia de la Nación, dando inicio a un movimiento político y social que transformaría de manera profunda la vida institucional, económica y cultural del país. La elección enfrentó a Perón con la Unión Democrática, una coalición opositora integrada por partidos tradicionales y respaldada por sectores del poder económico y mediático. El resultado fue contundente: el triunfo del entonces coronel confirmó el apoyo mayoritario de los trabajadores y de amplios sectores populares que veían en su propuesta una vía de ascenso social y reconocimiento de derechos largamente postergados.
La campaña electoral estuvo signada por una fuerte polarización. De un lado, el peronismo impulsó un discurso centrado en la justicia social, la soberanía política y la independencia económica; del otro, la oposición alertaba sobre los riesgos de un liderazgo que rompía con los moldes tradicionales. La participación activa del movimiento obrero y la gravitación creciente de Eva Duarte de Perón resultaron claves para consolidar la base electoral que llevó a Perón al triunfo.
Con la asunción presidencial meses después, se inauguró el primer gobierno peronista, caracterizado por una ampliación sin precedentes de derechos laborales, el fortalecimiento del Estado y una redefinición del vínculo entre el poder político y las mayorías populares. Aquella victoria no solo significó un cambio de gobierno, sino el nacimiento de una identidad política que, ocho décadas después, continúa siendo un actor central en la vida democrática argentina. El 24 de febrero de 1946 permanece así como una fecha emblemática en el calendario político nacional: el día en que el voto popular abrió paso a una nueva etapa histórica y sentó las bases de uno de los movimientos más influyentes del país.











