La postura se da en medio de un fuerte deterioro de las relaciones con Europa, especialmente por la falta de apoyo a la ofensiva militar impulsada por Washington en Medio Oriente. Trump calificó a la alianza atlántica como un “tigre de papel” y cuestionó el compromiso de países como España, Italia y Francia, a los que acusa de no colaborar lo suficiente en términos militares ni estratégicos.
En ese marco, planteó la necesidad de un aumento “histórico” del gasto en defensa por parte de los miembros de la OTAN, elevando la presión sobre gobiernos europeos.
El trasfondo del conflicto está vinculado a la guerra con Irán y al desacuerdo de varios países europeos de involucrarse directamente o ceder bases militares para operaciones. Esta situación profundizó las divisiones dentro de la alianza y abrió un debate sobre su futuro y cohesión, con advertencias de que una eventual salida de EE.UU. podría alterar el equilibrio geopolítico global.
Sin embargo, expertos señalan que una retirada no depende únicamente del presidente, ya que requeriría la aprobación del Congreso estadounidense. Aun así, las declaraciones de Trump generan preocupación internacional y vuelven a poner en duda la estabilidad de uno de los principales bloques de defensa del mundo.











