Topper resiste desde Tucumán: la última fábrica de la histórica marca argentina funciona en Aguilares

Tucumán conserva una parte importante de la historia industrial argentina. En la localidad de Aguilares funciona la única fábrica de Topper en el país, una marca emblemática de zapatillas que acompañó a generaciones de argentinos y que, pese a las distintas crisis económicas, busca sostener su presencia en el mercado. La historia de Topper comenzó en 1975, cuando la empresa Alpargatas decidió desarrollar una línea de calzado deportivo de fabricación nacional.

Para impulsar el proyecto convocó al reconocido tenista Guillermo Vilas, una de las grandes figuras del deporte argentino de aquella época. Uno de sus modelos más recordados fue la clásica zapatilla Profesional de lona, con suela de caucho y detalles azules y rojos. Durante las décadas de 1980 y 1990, el calzado se convirtió en un símbolo de los patios escolares y en una de las opciones más elegidas por las familias argentinas por su resistencia y precio accesible.

Con el paso de los años, la marca también logró instalarse en la cultura juvenil, especialmente entre los seguidores del rock nacional y la estética rolinga, que adoptaron las zapatillas como parte de su identidad.Sin embargo, su trayectoria estuvo marcada por distintas dificultades económicas. Durante los años noventa, la apertura de las importaciones incrementó la competencia con productos provenientes de Brasil y otras marcas internacionales.

La situación se profundizó en 2001, cuando Alpargatas ingresó en concurso de acreedores. Al año siguiente, la producción alcanzó uno de sus niveles más bajos, con apenas 1,6 millones de pares fabricados. No obstante, la empresa logró recuperarse y en 2005 llegó a vender 5,5 millones de pares, alcanzando el 35% del mercado argentino.

Actualmente, la fábrica de Aguilares representa el último centro de producción de Topper en Argentina. Bajo el control de capitales brasileños, la planta atraviesa un momento delicado, con una actividad por debajo de su capacidad y la pérdida de aproximadamente 150 puestos de trabajo durante los últimos dos años.

A este escenario se suma una medida implementada por el Gobierno nacional en abril, que habilitó el ingreso de partes desarmadas desde China para su posterior ensamblaje en el país, una decisión que también genera interrogantes sobre el futuro de la producción nacional. Pese a las dificultades, Topper conserva un importante valor simbólico para los argentinos.

Su historia, vinculada a la infancia, el deporte y distintas generaciones, representa mucho más que una marca de calzado. Desde Aguilares, Tucumán mantiene en funcionamiento una fábrica que forma parte de la memoria industrial del país y que hoy enfrenta el desafío de sostener su producción en un mercado cada vez más competitivo.

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