Una de ellas es el partido más interrumpido en la historia de las Copas del Mundo, un encuentro que rompió todos los registros por su nivel de fricción y constantes infracciones. El hecho ocurrió el 7 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, durante el duelo entre México y Paraguay. Ese día, el árbitro inglés George Courtney sancionó un total de 78 faltas, estableciendo una marca inédita que todavía no fue superada. El juego se volvió extremadamente cortado, con interrupciones permanentes que reflejaron la intensidad y el roce entre ambos equipos.
Este récord desplazó a la final del Mundial de 1978 entre Argentina y Países Bajos, que hasta entonces ostentaba la mayor cantidad de infracciones con 73. A diferencia de aquella definición histórica, el choque de 1986 se destacó más por su dureza que por su brillo futbolístico.
Con el paso del tiempo, y especialmente con la implementación de nuevas tecnologías y criterios arbitrales más estrictos, resulta difícil imaginar un partido con semejante cantidad de interrupciones. Sin embargo, aquel México-Paraguay quedó como símbolo de una época en la que el juego físico marcaba el ritmo dentro de la cancha.












