La unidad del peronismo tucumano no fue producto de una casualidad ni de una foto. Detrás de ese proceso hubo conversaciones, gestiones y una tarea política silenciosa que tuvo como protagonista central al ministro del Interior, Darío Monteros, señalado dentro del oficialismo como el verdadero articulador del acercamiento entre las tres figuras que hoy buscan ordenar al peronismo provincial: Osvaldo Jaldo, Miguel Acevedo y Rossana Chahla.
El mentor de la unidad fue, para muchos dentro del peronismo, el “monje negro” de la construcción política del gobernador; una suerte de Carlos Corach de Jaldo, con bajo perfil, capacidad de diálogo y una particular muñeca para acercar posiciones cuando las diferencias parecían difíciles de superar.
Monteros fue el gestor de los acercamientos entre las tres figuras del peronismo tucumano, su ardua tarea fue en búsqueda de un objetivo mayor: preservar la unidad del peronismo de Tucumán y construir un esquema competitivo de cara al futuro electoral.

El proceso tuvo distintas estaciones
Jaldo y Acevedo ratificaron su voluntad de continuar juntos, mientras que Chahla consolidó su lugar como principal referente del peronismo en la Capital. El propio Monteros había definido públicamente a Chahla como la “candidata natural” del peronismo para la Intendencia de San Miguel de Tucumán y respaldó la continuidad de la fórmula Jaldo-Acevedo.
El peronismo tucumano ya dio una señal de reorganización. Los encuentros encabezados por Jaldo junto a Acevedo, Chahla, intendentes, legisladores y dirigentes apuntaron precisamente a fortalecer la unidad y ordenar el espacio de cara al escenario de 2027.
Por: Exequiel Rodriguez











