La industria textil argentina atraviesa una de sus etapas más críticas de los últimos años, marcada por una fuerte caída del consumo interno que impacta de lleno en la actividad. Según un relevamiento sectorial, ocho de cada diez empresas identifican a la baja demanda como el principal obstáculo para su desarrollo, en un escenario que ya lleva al menos dos años de deterioro sostenido.
Los datos reflejan la magnitud de la crisis: las ventas del sector cayeron un 8,4% interanual en el primer bimestre de 2026 y acumulan retrocesos en 12 de los últimos 13 relevamientos. Además, el 63% de las compañías reportó una disminución en su facturación, lo que confirma la generalización del problema en toda la cadena productiva.
Este freno en la actividad también se evidencia en la baja utilización de la capacidad instalada, que se ubicó en apenas 23,7% en enero, muy por debajo del nivel registrado un año atrás. A su vez, la caída de ventas provocó una acumulación de mercadería sin salida: la mitad de las empresas reconoce tener niveles de stock excesivos, el valor más alto desde 2024.

El impacto no se limita a la producción. Con menos ingresos y mayores costos, ocho de cada diez firmas enfrentan problemas financieros, una situación que ya se traslada a la cadena de pagos. De hecho, seis de cada diez empresas admiten atrasos en sus obligaciones, mientras que el porcentaje de compañías sin dificultades se redujo drásticamente en los últimos meses.
A este panorama se suman otros factores que agravan la crisis, como la presión impositiva y el aumento de las importaciones, en un contexto de apertura comercial. La combinación de menor demanda interna y mayor competencia externa configura un escenario complejo para un sector clave en la generación de empleo, que enfrenta el desafío de sostener su actividad en medio de una economía en transición.












